



Un campo en Luján, una galería de ensueño y una fuente digna de aprovechar, fueron el marco de este casamiento de campo en donde el pedido de los novios fue hacer algo que sea de campo pero que no sea rústico, que no estuviera directamente asociado a un estilo campestre. Se decidió incorporar la casa a una carpa que nacía desde la casa e incluía toda esa galería en el interior de ella. El resultado fue espectacular ya que las columnas, los pisos y la fuente hacían un gran aporte a la ambientación de la fiesta, generando un escenario muy propio del lugar. Los novios tuvieron la suerte de hacer su fiesta en época de jazmines, por lo tanto, la fuente se llenó de esta flor y de velas flotantes.
Como complemento, las ambientadoras utilizaron materiales como el hierro forrado con follaje verde y flores blancas para darle suavidad y frescura al conjunto. Para romper con el blanco, cubrieron las mesas con cubremanteles de organza gris. Eligieron también floreros de cristal para contrarrestar con la densidad del hierro y, ya que eran muchísimas mesas, hicieron uso del recurso de los diferentes centros de mesa: se aplicaron tres modelos diferentes, unos más altos y otros más bajos alternados.