La cita fe en Open Door, partido de Luján, en la casa de la novia. Un lugar mágico, inmerso en un paisaje natural indescriptible. Esta fue la boda de Lali Sánchez Duggan y José Ofarrel.
“ Mi mamá se ocupó del lugar. Y, yo que soy arquitecta, estaba terminando la obra. Se remodeló un galpón antiguo y parte se hizo un bloque con baños y cocina. Tenía como fecha límite mi casamiento”
“Gloria César se ocupó de la ambientación. Ya conocía hace mucho Las Bétulas. Le pedimos una ambientación cálida, alegre, como si fuera un picnic al aire libre."
Para la misa, usó ramos de azucenas y nardos, todo blanco. También preparó el ramo de la novia, bien simple y liviano, azucenas blancas, rosas blancas y hojas verdes, con mucho aire entre medio.
La ceremonia:
Comenzó con una larga caminata de la novia junto a su padre, desde la galería de la casa hasta el altar. Una misa divina, con la última luz de la tarde, acompañada por un coro formado entre primos y hermanas y dirigido por Sol Mihanovich.
La novia eligió a la diseñadora Inés Duggan, prima de su mamá.
“Le conté la idea que tenía de un vestido simple, solo tul, liviano, etéreo, como una nube. Lo interpretó perfecto, y además me prestó una bincha con azares para levantar un poco y dar luz a la cara”
El maquillaje estuvo a cargo de Dominique Rodriqué, amiga de la novia.
Los novios tomaron todas las decisiones juntos de lo que querían para ese día. A los dos meses de haber anunciado ya tenían todo cerrado: la carpa, el catering, la barra, el disc jockey, vino y champagne comprado y la autorización para la ceremonia.
“Decidimos casarnos con muy poca anticipación y no fue complicado porque ya sabíamos que nos queríamos casar en Las Bétulas, mi casa. Además teníamos el apoyo de mi mamá que estaba empezando con un emprendimiento para hacer eventos ahí”, cuenta la novia.
Para las mesas muchas flores y colores, manteles floreados y distintos entre sí.
Afuera y en el galpón, camastros, sillones de la casa, floreros altos, velas y faroles. La idea principal era mezclar de todo.